RAIN ROOM: SEPARANDO LAS AGUAS

Por Guadalupe Arévalo

Arte y tecnología cada vez encuentran mejores formas de trabajar en sintonía. Esta es una de las características de Rain Room (2012, Random International): rompedora e impactante, consigue aunar estas disciplinas. Pero este prodigio tecnológico no se detiene en el espectáculo y la emoción de un momento, sino que se convierte en un encuentro insospechado entre la criatura y su Creador.

El ser humano cumple con el mandamiento del Génesis.

Se cuenta que, en los orígenes, Dios creó el mundo en siete días. Separó el Cielo de la Tierra, la luz de la oscuridad, y creó las plantas y los animales, cada uno según su especie. Dijo Dios: “Hágase así”, y vio Dios que era bueno (Génesis 1,3-4). En el sexto día, Dios creó su magnum opus: el hombre y la mujer. Les muestra toda su Creación, y a continuación les dicta: “Fructificad y multiplicad, y henchid la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Gn 1, 28).

Cuando Dios crea a la humanidad, no le ofrece solo un mundo fértil y el permiso para cultivarlo y alimentarse de él. Se lo entrega con el imperativo de gobernarlo y dirigirlo hacia su prosperidad. Con este mandato, el Creador le entrega al hombre el instrumento para ello, un elemento distintivo de su especie: la razón. Con la razón se abrieron muchas puertas: el conocimiento de uno mismo, del otro y del mundo, la abstracción en conceptos, el lenguaje. Producto de todos ellos son la filosofía, la ciencia y la tecnología, entre otros. Tangente y trascendente a estos, el arte.

En un primer momento, la tecnología nació como fruto de esta razón creativa que obedecía al mandato de ordenar y proliferar el mundo. Tras la caída por el pecado original, el mundo se convierte en recurso y obstáculo simultáneamente. Comienza la eterna batalla entre la naturaleza y la razón humana, en la que esta última desea subyugar a la primera. Desde la agricultura hasta la robótica, pasando por los medios de transporte y la medicina, el ser humano ha tratado de someter la Creación a través de la tecnología. Cada generación ha bebido de las anteriores y ha ingeniado cosas nuevas, y la Historia ha sido testigo de avances cada vez más agudos, muchos de ellos de tal calibre, que en el pasado se hubieran considerado milagros. Como, por ejemplo, deambular entre las aguas sin mojarse. De esto trata nuestra obra de arte.

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Lee el artículo completo en el Vol. 2 “Agua” de Transfiguración.